¿De quién es el mono?

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¿Perdona? ¿Mono? Sí, tranquilo, no nos hemos vuelto locos, aún 😉 El “mono” es una figura sacada de un famoso artículo de William Oncken Jr. sobre el uso eficaz del tiempo y la delegación efectiva, “Who´s got the Monkey?”.  En él, Oncken utiliza la metáfora del mono para designar la próxima acción a tomar en el proceso de resolver un problema.

Expliquémoslo con un ejemplo: cuando alguien de tu equipo acude a ti con un problema que resolver o un tema que está pendiente, le escuchas, lo hablan, y al final dices: “Lo pienso/miro y te digo algo”, “Envío un mail a…”, “Pregunto a…”, ¿qué ha ocurrido? ¡Que el mono ahora es tuyo!  Nuestro colaborador venía con un problema que requería de una decisión o acción, o sea un mono en su espalda, y al final, cuando nos separamos y dijimos “déjame pensarlo, lo miro, envío un mail”, el mono se acomodó en nuestra espalda, y nos lo llevamos con nosotros, engrosando así nuestra ya apretada agenda.

¿Te resulta familiar este escenario? ¿O acaso no te suena el sentirte apagando fuegos y con una pesada carga a la espalda? ¡Son todos los monos que te echas encima! Es hora de ir revisando qué monos estamos cargando que no son nuestros y devolvérselos a sus “cuidadores”.

¿Quiere esto decir que no hay que escuchar ni ayudar a nuestro equipo? ¡Ni mucho menos! Lo que hay que hacer es diferenciar el ser amable, ayudar y cooperar con las personas, de terminar haciéndoles el trabajo y resolviéndoles las cosas.

Cómo tratar y cuidar a los monos:

  1. Cualquier diálogo o reunión no debe concluir hasta que no se haya establecido todos los monos (el siguiente paso) describiéndolos de forma clara y concisa.
  2. Se debe establecer quién se lleva el mono.
  3. Fijar también fechas tope de alimentación y revisión del mono.

Te animo entonces a comprobar cuántos monos estás cargando ahora, y a empezar a entrenar el hábito de preguntarte tras cada conversación o reunión: ¿cuál es el mono? Y sobre todo, ¿quién se lo ha quedado? ¡Ah! Y por supuesto, los monos no se dan solo en el trabajo, también con la familia, amigos y demás.

Devolver los monos a sus dueños, no sólo será bueno para ti, también para los que te rodean. Y es que, aunque parezca paradójico, cuanto más te libras de los monos de los demás, más tiempo te queda para ellos. Además, como dicen los autores del libro:

La única manera de desarrollar la responsabilidad en las personas es obligarles (o permitirles) ejercer responsabilidades.

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