La única forma de ganar una discusión…

shutterstock_77378896Cuenta Dale Carnegie en su famoso libro “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas” la siguiente historia:

“Una noche asistí a un banquete; durante la comida el comensal sentado a mi lado narró un relato humorístico basado en la cita: “Hay una divinidad que forja nuestros fines, por mucho que queramos alterarlos.” El comensal dijo que esta cita era de la Biblia. Se equivocaba. Yo lo sabía. Lo sabía positivamente. Y así, pues, para satisfacer mis deseos de importancia y exhibir mi superioridad, me designé corrector honorario, sin que nadie me lo pidiera y con evidente desgana por parte del interesado. Este insistió en su versión. “¿Qué? ¿De Shakespeare? Imposible. ¡Esa cita era de la Biblia!” El Sr. Frank Gammond, viejo amigo mío, que había dedicado muchos años al estudio de Shakespeare, intervino. Me dio un puntapié por debajo de la mesa y dijo: “Dale, este señor tiene razón. La cita es de la Biblia”.

De camino a casa esa noche le dije al Sr. Gammond: “Frank sabes bien que esa cita era de Shakespeare”. – “Sí, claro que lo sé. Pero estábamos allí como invitados a una fiesta, querido Dale. ¿Por qué demostrar a un hombre que se equivoca? ¿Has de agradarle con eso? ¿Por qué no dejarle que salve su dignidad? No te pidió una opinión. No la quería. ¿Por qué discutir con él? …Y es que solo hay un modo de sacar la mejor parte de una discusión: evitarla.”

Cuando comprendemos que no tenemos que saber-lo-todo, que no pasa nada si no tenemos siempre la razón y que no tenemos que demostrar nada a nadie (porque solo nosotros sabemos lo que valemos), entonces hemos superado el ego: esa vocecita interior que nos dice “tienes que ganar”, “tienes que tener razón”, “tienes que demostrar lo que sabes”,… Entonces no solo nos damos cuenta de que no tenemos que demostrar nada a quien se cree más listo, sino que incluso podemos darle la razón y aún así, sacar partido de ello:

Diariamente llamaban al “tonto del pueblo” al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una grande de 400 reales y… otra pequeña, de 2.000 reales.

Él siempre escogía la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos. Un día, alguien que observaba al grupo le llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda más grande valía menos.

 “Lo sé”, respondió, “no soy tan bobo. La grande vale cinco veces menos, pero el día que escoja la otra, el juego se acaba y no voy a ganar más dinero.”

Entonces realmente entendemos que la mejor forma de ganar una discusión es evitarla… Entonces estamos realmente convencidos y preparados para ello.

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