Los pies en el suelo…¡también para coger impulso!

man running on the beach and slipper

Diario de un niño de dos años:

Jueves, 8:10: He tirado colonia en la alfombra. Huele bien. Mamá enfadada, la colonia está prohibida.


8:40: En la cocina. Me han echado. La cocina está prohibida.


9:15: En el cuarto de trabajo de papá. Me han echado. Cuarto de trabajo también prohibido.


9:30: He quitado la llave del armario. Jugado con ella. Mamá no sabía dónde estaba. Yo tampoco. Mamá me ha gritado.


10:00: He encontrado un lápiz rojo. Pintado en la alfombra. Prohibido.


10:20: He cogido la aguja de hacer punto y la he doblado. He clavado otra en el sofá. Las agujas están prohibidas.


11:10: Roto un cigarrillo. Había tabaco dentro. No sabe bien.


11:45: He seguido a un ciempiés hasta debajo de la valla. He encontrado cochinillas. Interesante, pero prohibido.


12:30: He escupido la ensalada. Incomible. Pero escupir está prohibido.


13:15: La siesta. No he dormido. Me he levantado y me he sentado en la colcha. Helado. Helarse está prohibido.


14:00: He reflexionado. Constato que todo está prohibido ¿Para qué viene uno al mundo?

…¿Sabías que científicos estadounidenses llevaron a cabo un estudio y descubrieron que un niño, desde que nace hasta los ocho años de edad, oye la palabra “no” un promedio de ¡35 veces al día!?

(Sacado del libro “La Brújula Interior, de Álex Rovira)

 

Crecemos escuchando muchos noes: bienintencionados, comprensibles y algunos muy útiles: los límites nos ayudan a aprender lo que es bueno para nosotros, nos enseñan a conocer las normas, a relacionarnos de forma correcta y a distinguir y evitar los peligros.

Sin embargo, estos límites, en exceso y sin excepciones ni permisos, nos llevan a ver más peligros de los reales (explorar es peligroso, lo desconocido es peligroso, salirse de las normas es peligroso), y a tener más claro lo que NO podemos hacer que lo que sí, a conocer bien las prohibiciones, pero desconocer totalmente nuestros sueños y ambiciones.

¿Por qué si no, nos resulta tan fácil saber lo que “debemos hacer”, pero no lo que realmente deseamos? ¿Saber lo que no nos gusta, pero no lo que queremos en su lugar?

Una vez crecemos, por tanto, nos toca revisar qué límites y prohibiciones seguimos cargando que ya no nos son útiles y podemos (y debemos) desechar…

Porque tener límites está bien, vivir limitado, no.

Saber lo que se debe hacer está bien, no saber lo que se desea, no.

Cumplir con las obligaciones está bien, olvidar para eso los sueños, no.

Valorar los riesgos está bien, no valorar también las oportunidades, no.

Evitar el riesgo está bien, temer la incertidumbre y lo desconocido, no.

 

Equilibremos la balanza: menos prohibiciones y más permisos. Porque la realidad y los sueños no son contrarios, sino grandes amigos, porque se puede tener deseos y ambiciones, mientras se valora tremendamente lo que se tiene, y porque tener los pies bien en el suelo, debe servirnos también para coger impulso.

 

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