Piensa diferente

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Se cuenta que en los años 20 cuando Albert Einstein empezaba a ser conocido por su teoría de la relatividad, era con frecuencia solicitado por las universidades para dar conferencias. Dado que no le gustaba conducir y sin embargo el coche le resultaba muy cómodo para sus desplazamientos, contrató los servicios de un chófer.

Después de varios días de viaje, Einstein le comentó al chófer lo aburrido que era repetir lo mismo una y otra vez. “Si quiere”, le dijo el chófer, “le puedo sustituir por una noche. He oído su conferencia tantas veces que la puedo recitar palabra por palabra.”

Einstein le tomó la palabra y antes de llegar al siguiente lugar, intercambiaron sus ropas y éste se puso al volante. Llegaron a la sala donde se iba a celebran la conferencia y como ninguno de los académicos presentes conocía a Einstein, no se descubrió el engaño.El chófer expuso la conferencia que había oído repetir tantas veces a Einstein. Al final, un profesor en la audiencia le hizo una pregunta. El chófer no tenía ni idea de cual podía ser la respuesta, sin embargo tuvo un golpe de inspiración y le contestó:

 “La pregunta que me hace es tan sencilla que dejaré que mi chofer, que se encuentra al final de la sala, se la responda”.

Ésta historia es una leyenda urbana que nos sirve para ejemplificar la “Inteligencia creativa”, o sea, esa capacidad de salirnos del pensamiento lógico y lineal, y encontrar soluciones y respuestas efectivas y creativas a nuevos problemas. Esta forma de pensar se conoce como pensamiento “divergente” (o lateral) en oposición al “convergente” (vertical).

El pensamiento convergente es analítico, deductivo, riguroso y formal. Es lógico y racional y para él, solo existe una respuesta correcta. El pensamiento divergente, en cambio, es libre, informal y creativo, y consiste en la generación de una variedad de ideas o de soluciones a partir de una información dada.

Si nos fijamos, por ejemplo, en nuestro sistema educativo, vemos que la tendencia es valorar y estimular el pensamiento convergente, descuidando, en gran parte, el divergente. Y sin embargo, ¿qué pude haber mejor que enriquecer nuestra forma de pensar y nuestras opciones cosechando los dos tipos de pensamiento?

Te propongo un test simple para ejercitar el pensamiento lateral: Tienes que unir estos nueve puntos, con cuatro líneas rectas, sin levantar el lápiz del papel.

nueve-puntos-acertijo

¿Lo conseguiste? ¿No? A continuación te presento no solo una posible solución, sino, incluso una segunda (más difícil todavía), con sólo ¡tres! líneas. Para verla, pincha aquí.

¿Alguien dijo que no nos podíamos salir del cuadrado? No, ¿verdad? Esa idea es solo una creencia limitante que, de forma inconsciente, nos impusimos al ver los puntos…Nos encerramos en un cuadrado imaginario y no nos permitimos salir de él.

Ahora piensa en algún problema o reto al que te enfrentas en tu día a día y que, aparentemente, no tiene solución…¿A qué cuadrado te estás limitando? Sal de él. Derriba los muros que no te dejan ver. Amplia tu visión y aumentarán tus opciones. En definitiva, piensa diferente.

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