¿Qué quiero conseguir?

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El mayor salto que podemos dar hacia una vida plena y de calidad, es decidirnos a bajar de la rueda de hámster en la que a veces, por inercia, pasamos nuestros días, y empezar a pensar a dónde queremos dirigirnos, qué podemos y vamos a hacer, y sobre todo, si estamos dispuestos a aceptar la responsabilidad total de nuestra vida: responsabilidad= respons-habilidad, habilidad para responder, o sea empezar a elegir nuestra mejor respuesta y dejar reaccionar.

Para dar este salto, solo necesitamos empezar a hacernos una sencilla y poderosa pregunta: “¿Qué quiero conseguir?”

Simple, ¿verdad? Y sin embargo, ¿cuántas veces nos la planteamos? Estamos tan acostumbrados al “tengo que…”, que olvidamos preguntarnos qué queremos realmente . Estamos tan acostumbrados a que la vida es lo que “nos pasa”, que olvidamos pensar en todo lo que nosotros podemos hacer “que pase”.

Recuperar por tanto esta pregunta y hacerla nuestro mantra, nos aportará un sinfín de beneficios en diversas ocasiones a lo largo del día.

¿Qué quieres conseguir…?

…antes de una conversación: ¿Quiero construir o quiero destruir? ¿Qué palabras y estrategia elegir si no me he parado a pensar qué es lo importante? Cuando mi vecino de plaza de garaje, con el que había ya tenido una serie de desencuentros (estrecheces de las plazas), empezó a aparcar cada vez más al borde e incluso fuera de su plaza, pensé en escribirle una nota… realmente para decirle nada agradable. Solté mentalmente todo lo que quería decirle, pero al ir a escribirle, pensé: ¿Qué conseguiría con esto? Más desencuentros ¿Y qué es realmente lo que quiero conseguir? Pues que aparque más adentro y así, facilitarme la vida…así que le escribí una nota en otros términos, pidiendo no exigiendo, exponiendo mi dificultad y miedo a rayar su coche, no criticando su “falta de cuidado”…la nota junto con su buena fe tuvieron el resultado deseado, y yo, desde entonces, con menos complicaciones y más feliz 😉

…antes de una reunión: no es lo mismo celebrar una reunión con el asunto “Discutir sobre la problemática de X” que “Definir tres nuevas acciones para X”, ¿verdad? Establecer un objetivo de reunión tangible y bien definido, en vez de un tema del que hablar, ayuda a estimular el pensamiento en modo solución y no problema, a unificar criterios sobre lo que se va tratar, a reducir tiempos innecesarios, y, muy importante, a saber si se ha conseguido o no el objetivo.

…antes de una presentación, curso o conferencia: juntar diapositivas con contenido útil e interesante está bien para reunir material para nosotros, pero no para volcarlo sobre la audiencia. Cualquier acto de comunicación se basa en transmitir un mensaje, no es transferir información. Por tanto, definir antes el objetivo de nuestra presentación, nos ayuda a aclarar las ideas principales con las que quiero que se quede mi audiencia (y de paso facilitarles la labor a ellos), a estructurar mejor la charla y así transmitir con más claridad e intensidad el mensaje. Pregúntate: ¿Con qué tres ideas quiero que se vayan?

…antes de empezar el día: como dice el genial Álex Rovira, pasemos del “A ver qué día tengo” a “A ver qué día creo”. Empecemos nuestro día de manera positiva y efectiva, no pensando en obligaciones sino deseos, enfocándonos en posibilidades en vez de en rutina, ayudándonos a priorizar y organizarnos en base a lo que queremos y es importante para nosotros, en vez de permitir que cualquier cosa que “se nos presente” defina nuestra agenda y nuestra atención.

PARA, respira y piensa: “¿Qué día quieres crear hoy?”

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