Mira a los ojos, no al PowerPoint

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“A pesar de ser un habitante del mundo digital, o quizá porque conocía demasiado bien el potencial de aislamiento que éste encerraba, Steve Jobs era un gran defensor de las reuniones. […] Detestaba las presentaciones formales, pero le encantaban los encuentros informales cara a cara. Reunía a su equipo ejecutivo todas las semanas para discutir ideas sin un orden del día prefijado, y pasaba todas las tardes de los miércoles haciendo lo mismo con su equipo de publicidad y marketing. Las presentaciones de diapositivas quedaron prohibidas. “Detesto que la gente recurra a las diapositivas en lugar de pensar – recordaba Jobs -. La gente se enfrentaba a los problemas creando una presentación. Yo quería que se comprometieran, que discutieran los temas sentados a una mesa, en lugar de mostrarme un puñado de diapositivas. La gente que sabe de qué está hablando, no necesita PowerPoint.(“Steve Jobs – Lecciones de liderazgo” de Walter Isaacson) Sigue leyendo

Los pies en el suelo…¡también para coger impulso!

man running on the beach and slipper

Diario de un niño de dos años:

Jueves, 8:10: He tirado colonia en la alfombra. Huele bien. Mamá enfadada, la colonia está prohibida.


8:40: En la cocina. Me han echado. La cocina está prohibida.


9:15: En el cuarto de trabajo de papá. Me han echado. Cuarto de trabajo también prohibido.
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Mi hijo no me come y mi compañero me enfada.

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Entre las formulaciones curiosas que tiene nuestra lengua, encontramos las del tipo “Mi niño ME come muy bien”, “ME duerme” o “ME estudia”.
En estas frases el complemento indirecto “me” no debe entenderse en sentido literal (no es un niño caníbal, hipnotista y antropólogo), sino como una forma de expresar el interés y la implicación emocional de la persona que habla (madre o padre) con respecto al sujeto, o sea, su hijo: lo que se conoce como dativo ético o de interés.

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Con decir no basta, hay que cautivar.

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“Cuando Karin Müller, cineasta y escritora, estuvo en el Peace Corps, cavaba fosas y construía escuelas en un pueblecito de Filipinas. Una noche, diecisiete miembros del Nuevo Ejército Popular (NPA), la rama armada del Partido Comunista de Filipinas, fueron a su cabaña a interrogarla. A primera hora de aquel día, los aldeanos la habían advertido de que aquello ocurriría, de modo que se armó con dos productos preciosos: azúcar y café.

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